EVANGELIO DEL DIA Mateo 10,1-7 En aquel tiempo, Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, el llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el fanático, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: - No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca.
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REFLEXIÓN Doce discípulos, doce apóstoles llamados por Jesús. ¿Eran mejores que los demás? Todos no, con seguridad. ¿Más eruditos, mejor formados? Tampoco. No son esos los criterios de elección del Señor. Jesús nos llama, y, a veces, hasta nosotros mismos nos extrañamos de nuestra elección. Pero los apóstoles fueron llamados por su nombre y con eso basta. Eran suficientemente sencillos y para que, en su larga subida a Jerusalén, aprendieran lo imprescindible. Lo demás, supuesta la apertura de su corazón, será obra del Espíritu. Jesús llama y da autoridad. ¿Sobre quién o sobre qué? Es la autoridad que brotaba de Jesús y llevaba a la gente sencilla a afirmar: “Habla con autoridad” (Mc 1,27). Se asemeja más a la credibilidad y a la coherencia que a la autoridad que ostentan los constituidos en la misma, a veces sin tanta credibilidad como Jesús y sus discípulos. De ahora en adelante serán testigos de Jesús y del Reino, es decir, intentar tener actitudes similares a las de Cristo, parecernos a él, que pasó por la vida haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el mal. También nosotros somos apóstoles, y por nuestros frutos nos conocerán: paz, serenidad, amor, saber escuchar... Con los de nuestro entorno profesional, social y familiar. A los que, posiblemente, necesiten más testimonio y vida que palabras. A los de casa. Anunciemos la cercanía del Reino, el gozo de vivir evangélicamente, como Cristo el Señor. Un cordial saludo, hermanos.
Marcelino Manzano Vilches, pbro. Párroco de Ntra. Sra. de la Asunción de Lora del Río |