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PALABRAS DE ESPERANZA
05/03/2010 |
Viernes II Semana de Cuaresma |
EVANGELIO DEL DIA Mateo 21,33-43. 45-46 En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: - Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo». Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia». Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? Le contestaron: - Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos. Y Jesús les dice: - ¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que deshecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.
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REFLEXIÓN Sabiendo que la hora de entregarse y morir por nosotros, Jesús narra una parábola para que los sumos sacerdotes y escribas entiendan de una vez que a quien están empezando a perseguir es al hijo del dueño de la viña, nuestro Padre Dios, después de haber perseguido también a sus profetas. Acercándose la Semana Santa, podemos hacernos esta pregunta: También nosotros, los hombres y mujeres del siglo XXI, ¿caeremos en lo mismo, y rechazaremos y mataremos a Jesús, como los sumos sacerdotes y fariseos? Aquí chocamos con el misterio de la persona humana, de nuestra libertad, de nuestra ceguera, de nuestras luces, de nuestra pretendida autosuficiencia y nuestra debilidad…un misterio. ¿Cómo podemos rechazar y matar ni más ni menos que a Dios, a su Hijo, que ha tenido la osadía de venir a nuestra tierra a ayudarnos, a sembrar nuestra vida de luz, de amor, de esperanza, de sentido, de felicidad? Ante esta posibilidad, nuestra oración a nuestro Padre Dios debe hacerse más intensa y pedirle que no nos deje cometer la locura de rechazar y matar a su Hijo. Un cordial saludo, hermanos.
Marcelino Manzano Vilches, pbro. Párroco de Ntra. Sra. de la Asunción de Lora del Río |
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