EVANGELIO DEL DIA Marcos 16, 15-20. En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once, y les dijo: - Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos. El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañaban.
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REFLEXIÓN Con la fiesta de la Ascensión, celebrada el séptimo domingo de Pascua, se cierra el tiempo litúrgico que se inició con la Encarnación, cuando el Hijo de Dios se hizo presente en la tierra en Jesús (descendió), y concluyó el día en que subió al cielo (ascendió). El tiempo histórico tuvo un colofón especial, diferente de cuanto había acontecido con anterioridad. Después de su pasión y muerte, Cristo se presentó resucitado a los discípulos, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo. Les habló del Reino de Dios, cuya plenitud vendrá, pero sin cálculos concretos de tiempos y modos. La Ascensión es el desarrollo de la Pascua, su plenitud, que todavía madurará más con el envió del Espíritu y Pentecostés. Tales festividades no representan hechos aislados y sucesivos, sino un único y dinámico movimiento de salvación que ha sucedido en Jesucristo, nuestra cabeza, y que se nos comunica paulatinamente cada año en el tiempo pascual. Un cordial saludo, hermanos.
Marcelino Manzano Vilches, pbro. Párroco de Ntra. Sra. de la Asunción de Lora del Río |